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Barrios

El municipio de La Guancha, junto a los municipios de San Juan de la Rambla e Icod de los Vinos, se integra en la Comarca de Icod. Con sus 23.84 km2, ocupa el puesto 25 de mayor extensión de los 31 municipios que componen la isla.

Por su orografía, una unidad de relieve en pendiente desde la cumbre hasta la costa donde se aprecia con claridad la huella geológica dejada por unos singulares episodios geofísicos. Esos orígenes geológicos sufridos por la isla se remontan hasta hace 175.000 años. En aquella remota etapa de la formación de la isla, se produce un colapso en la parte central (edificios Cañadas) provocando, lo que los científicos denominan «megadeslizamiento gravitacional» que terminó por formar el «paleovalle de Icod». Durante esos miles de años hasta casi la actualidad, esa depresión se fue rellenando con los materiales lávicos emitidos en la etapa de las erupciones postcaldera, también, desde el centro de la isla hasta los últimos episodios de emisiones que provenían de los volcanes de la Abejera o de Pico Cabras, entre otros, ubicados en la cara norte de las faldas del Teide.

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Mientras su costa, tiene una de las formas más peculiares de la isla. En ninguna otra parte las formas del relieve dominantes -las ensenadas- se manifiestan como en esta costa. Fruto igualmente de su origen volcánico y la interacción con el mar. Así pues, todos estos episodios geológicos derivados de las erupciones volcánicas han configurado el relieve actual de La Guancha.

La Guancha, por otro lado, cuenta con una población de 5.562 personas (2023) y una densidad de población de 204 personas por km2, por debajo de la media insular que se sitúa en 404. La distribución de la población se reparte entre los barrios más populares como El Farrobo, El Pinalete, Las Cucharas, La Guancha de Abajo, Santo Domingo, Santa Catalina y el casco de La Guancha.

Además, en estas tierras uno de los mayores tesoros que posee el municipio es su pinar, uno de los más densos de Canarias que fue declarado espacio natural protegido en 2011. Este bosque fue vital para la población guanchera, proporcionando recursos esenciales durante siglos, cuando la economía local se basaba en la subsistencia. Del pinar se aprovechaba todo: la madera del «corazón del pino», la brea, la pinocha, o el «pinocho», como cariñosamente se les llama aquí a las acículas secas del pino. Estos recursos se utilizaban para crear herramientas agrícolas, utensilios de cocina y para construir las humildes viviendas: puertas, ventanas, vigas, escaleras… todo provenía del pinar.

Hoy en día, la vida económica de La Guancha gira entorno al comercio local que se despliega alrededor de la Avenida Hipólito Sinforiano y la Plaza de Las Ferias, junto a una actividad agricultura cada vez más reducida, basada en el cultivo de la papa y la vid, principalmente en zonas como La Burgaya, Llano la Vieja, El Majano, El Chafarí, Cerro Gordo, Pino del Cura y Fuente Grande. Precisamente, el cultivo de la vid y la arraigada cultura del vino han impulsado la creación de bodegas de renombre, reconocidas tanto en Canarias como fuera de ella, como Viñátigo, Zanata o Borja Pérez.

Mientras, en la costa, sin embrago, por sus condiciones climáticas favorables y la presencia del agua, sigue manteniendo, no sin dificultades, una agricultura basada en el cultivo del plátano para exportación que se desarrolla desde mediados del pasado siglo hasta la actualidad en zonas como Las Rositas, Bajada a la Playa, Juan Dana, Los Alcaravanes, Las Puntas, Los Cabocos, Los Nabos o Charco Verde.

La agricultura del municipio ha visto un alivio con la presencia del Mercado del Agricultor de La Guancha.

La costa guanchera de igual forma ha ganado popularidad gracias al Charco del Viento, un lugar de baño emblemático en el norte, donde personas de todas partes disfrutan de sus aguas. La singular configuración de este charco natural tiene su origen en una colada volcánica que se adentró en el mar, creando lo que se conoce como «fajana», y que la fuerza del océano esculpió durante miles de años, dando como resultado esta hermosa ensenada natural de callados, perfectas para un refrescante baño.

Finalmente, no dejemos de admirar la labor del Centro de Artesanía de La Guancha, ubicado en La Guancha, que durante muchos años ha tenido y tiene la importante misión de preservar las tradiciones de antiguos oficios canarios como la alfarería, el calado, el telar o el bordado, con gran orgullo para La Guancha. Esta perseverancia en el tiempo, le ha conferido un papel de referencia entre los pocos centros de la isla que aún mantienen viva esta labor.

El Casco

El corazón de La Guancha late en su casco urbano, el núcleo de población que concentra la mayoría de sus habitantes, con 3.275 vecinos. A su alrededor se encuentran los principales equipamientos deportivos, culturales y dotacionales, así como los servicios públicos esenciales: el ayuntamiento, el centro de salud, los centros de enseñanza y el servicio de correos. Además, trajina una importante actividad comercial, orientada hacia el comercio de proximidad en torno a la Avenida Hipólito Sinforiano.

La Plaza de Las Ferias, conocida dentro y fuera del pueblo, fue el punto de encuentro para las famosas «Ferias de Artesanía de La Guancha» en la década de los ochenta. Hoy, transformada en un encantador centro comercial con pequeñas tiendas, sigue siendo un lugar de encuentro y actividad.

Este casco histórico alberga algunos de los lugares más emblemáticos y queridos del pueblo. La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús, cuyas raíces se remontan a 1636, año en

que fue declarada parroquia, guarda la memoria de la ermita que ya existía en este mismo lugar a finales del siglo XV. Junto a ella, la Plaza de la Iglesia, de construcción reciente, es el escenario principal de las fiestas patronales en honor a la Virgen de La Esperanza.

 

Mención especial merece el Centro Cultural «Unión y Fraternidad», también conocido como el «Casino de La Guancha», un verdadero «faro de la cultura» guanchera. Ubicado en la Calle del Sol, frente a la iglesia, destaca por su imponente balcón de madera de estilo canario en la fachada principal. Este edificio, levantado con el esfuerzo de todos los guancheros y guancheras, conscientes de la importancia de la cultura para el desarrollo de su comunidad, fue fundado en 1933, durante la época de la República Española, y desde entonces ha sido un referente cultural en la comarca.

Menos conocida para muchos es la Plazoleta de Ángeles Machado, situada en la Calle de Los Claveles. Allí se erige un busto en su memoria, un homenaje que le rindieron sus alumnos y alumnas en 1971 a la primera maestra de la Escuela Nacional de niñas de La Guancha. Esta joven, proveniente de una «distinguida y honorable familia» de la monumental San Cristóbal de La Laguna, decidió aventurarse hasta este pueblo en 1921, junto a su inseparable piano, en una época en la que no existían carreteras, solo tortuosos caminos que conectaban con los pueblos vecinos de San Juan de la Rambla e Icod de los Vinos. Más que una maestra de niñas, fue una maestra para todo el pueblo, un ejemplo a seguir. Su valiosa labor fue reconocida en 1931 con su nombramiento como hija adoptiva del pueblo.

Otro referente cultural es el Centro de Artesanía, ubicado en la céntrica Avenida Hipólito Sinforiano, centra su actividad la impartición de talleres y a la exposición de piezas artesanales, como las de alfarería, telares, calados, cestería, trajes tradicionales, bordados y confección.

Finalmente, en la Calle La Palmita Nº10, en un edificio construido a principios de los años 70 y que antiguamente albergaba talleres de artesanía, se encuentra la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ycoden-Daute-Isora. Allí se realizan periódicamente jornadas y cursos de enología, contando con instalaciones como laboratorios y salas de catas.

El Farrobo

Es el barrio del municipio situado más al sur del pueblo, que se ha ido desarrollando, con el paso de los años, siguiendo los caminos que ascendían hacia el pinar y hacia los barrios altos de Icod de los Vinos. Debe su nombre a la lengua portuguesa derivada de la palabra «algarrobo» como tantos vocablos foráneos que se adoptaron en esta isla a lo largo de cinco siglos de historia.

La Cruz de los Caminos es uno de los puntos de encuentros y de referencia del lugar, con su plaza donde se celebran los principales actos populares y su capilla donde se venera la imagen de San Jorge, donada por don Vicente González Pérez y que fue bendecida en abril de 1975. En su fachada, figura la cruz que da nombre al lugar.

 

En el pasado, el barrio fue un importante centro alfarero, de los muchos que hubo en la isla, en el que llegaron a existir nueve hornos, de los que sólo se conserva uno en relativo buen estado, junto a la calle de Los Hornos. La alfarería era una actividad que solían realizar las mujeres, elaboraban productos tales como: tallas, tostadores, bernegales, ollas, tiestos, etc., eran vendidos fuera del pueblo en municipios tan alejados como en la Isla Baja, Icod de los Vinos y Valle de La Orotava. Actualmente, esta actividad se ha recuperado y se desarrolla en el Centro de Artesanía gracias a la Asociación «Moldea Tu Barro» que tiene en el centro de Artesanía sus talleres.

 

El Pinalete

Situado a pocos metros de La Guancha junto a la carretera que une Los Realejos con Icod de los Vinos, el barrio de El Pinalete conserva el encanto de los pequeños caseríos tradicionales, sorprendiendo a quienes lo visitan por su tranquilidad y paisaje dominado por el pinar que desciende desde las faldas del Teide hasta estas tierras.

Alberga un pequeño templo erigido en honor a San Antonio de Padua que guarda una estrecha relación con la construcción de la galería de «El Pinalete». Esta pequeña capilla, construida junto a la galería, fue bendecida el 16 de julio de 1961, gracias a la promesa hecha por el Marqués de Celada, fundador de la comunidad, por el alumbramiento de aguas de la galería unos años antes, en 1955.

A pesar de que la capilla se encuentra en suelo privado, el templo queda abierto al público estando bajo la jurisdicción del párroco de la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús.

Presenta una fachada donde destaca el arco de medio punto con portón de madera rematada por un frontón roto coronado por una pequeña espadaña donde se asienta la pequeña campana sobre ménsula. A los lados cuenta con elementos decorativos con motivos geométricos.

Asimismo, junto a la carretera se encuentra un coqueto espacio ajardinado y plaza que además sirve de espacio de descanso para los caminantes que se adentran en el pinar. Frente a la plaza, se ubica el Parque recreativo El Pinalete cuenta con fogones y mesas y está provisto de agua potable. Es una zona de ocio y esparcimiento, muy querido y utilizado por la población local.

Las Cucharas

Aunque de reciente creación, ya Las Cucharas se citaba en el nomenclátor del año 1863, recogido en la publicación de la Junta General de Estadística de la época, y en la que solo constaba una casa de labranza.

Nace de la necesidad de falta de suelo en el municipio y donde muchos de los vecinos obtuvieron aquí propiedad y construyeron sus viviendas. Ya a comienzos de los años 80 del pasado siglo empezaron a establecerse en este lugar las primeras casas en la Calle

Los Barbusanos y Los Mocanes, hasta el día de hoy en el que ya se configura como un barrio consolidado con plaza, parque infantil, centro polivalente y ermita.

En 2009 se bendice el primer edificio religioso que alberga la ermita en honor a San Lucas y Santa Dorotea. No obstante, la veneración a San Lucas Evangelista se remonta a una década antes. Una prueba de ello fue el acto del 17 de octubre de 1998, en el cual la imagen del santo fue bendecida en la iglesia de Santo Domingo. Tras la bendición, la imagen permaneció durante algunos años en una hornacina ubicada en la Calle La Sabina. Al año siguiente, en 1999, se celebró la primera fiesta en honor al santo, con una procesión que recorrió los alrededores del barrio de Las Cucharas entre los días 16 y 18 de octubre.

La Guancha de abajo

El barrio, tiene su origen en el antiguo camino de la Cañada que ascendía desde Santa Catalina hasta La Guancha a través de las actuales calles denominadas de San Antonio -conocida antiguamente como «La Calzada»- y El Calvario. Y se extendía hacia el este siguiendo el camino de Cruz Verde hacia El Risco; y hacia el oeste, por la Calle Arguayo. Es un barrio característico con cultura y tradición, que nace como un pequeño grupo de humildes viviendas, que conforme ha pasado el tiempo, se ha ido fusionando con el casco antiguo.

Desde el año 1957 la ermita de la Virgen de Coromoto ha sido un lugar de referencia para todos los vecinos. Su origen se remonta a la voluntad del «indiano» José Velázquez Afonso, natural del barrio, quien emigró a Venezuela, concretamente a La Guaira, a mitad del siglo XX, al igual que muchos de los vecinos de la localidad, quienes se vieron obligados a emigrar a América durante la Guerra Civil y la posterior etapa franquista debido a las precarias condiciones económicas que se vivía. 

Allí prosperó y, al regresar veinte años después, su devoción por la advocación de la Virgen de Coromoto lo llevó a erigir una ermita en su honor, eligiendo el mejor de los lugares. Adquirió los terrenos donde se ubicaría la ermita, así como los terrenos de la plaza. Posteriormente, donó la ermita a la Diócesis y la plaza al Ayuntamiento. En su interior, destaca la imitación del estilo gótico de su altar.

De su fachada, destaca su torre, «… una torre alta que mire lejos…», de base cuadrada, presenta siete vanos, también, apuntados distribuidos entre las cuatro paredes del hueco de la escalera que asciende al campanario.

Como curiosidad, en la puerta de entrada al templo, buena obra de carpintería, figura el nombre de la Virgen y se representan los atributos iconográficos de San José y los de San Antonio Abad. Encima de estas, el escudo de la orden de los Carmelitas representado por la montaña, la corona o las tres estrellas. Y sobre el escudo la representación de Jesucristo a través del sol.

Por su ubicación, «… un lugar privilegiado, abierto a la cumbre y a la mar…» desde su plaza, se observan unas magníficas vistas a la costa de La Guancha y del pico Teide.

Santo Domingo

Asentado sobre una antigua colada volcánica que no llegó al mar, debe su nombre a un célebre benedictino inventor del rosario, Santo Domingo de Guzmán. Al igual que el

barrio de Las Cucharas, es de los barrios de más reciente creación, figuraba ya en el nomenclátor de 1863, recogido en la publicación de la Junta General de Estadística de la época, y en la que solo constaba de una casa de labranza. En aquellos tiempos, el abastecimiento de agua lo hacían de la vecina Fuente de Santa Catalina hasta la llegada de agua proveniente de la galería conocida por «La Fajana» que era canalizada hasta el barrio por el «Canal del Ruiz»; todo ello hasta la llegada del agua pública en la década de los años setenta del pasado siglo.

Recordar que la llegada de la carretera general a Icod de los Vinos desde San Juan de la Rambla, se abrió al público en el año 1888 según recogen los periódicos de la época (22-5-1888) y fue ahí, junto a la construcción de la nueva carretera, donde el barrio se fue desarrollando con la incorporación de familias llegadas de los pueblos vecinos, encontrándonos junto a esta algunas de las viviendas más longevas. No obstante, en el nomenclátor de población de 1888 se cita La Hoya Grande como caserío con 4 casas (1 de dos pisos) y 16 habitantes de derecho.

Se construye en su honor una ermita a finales de la década de los años treinta, situada junto a la plaza del barrio. Cuenta con una nave donde destaca la imagen de su patrón realizada en pasta de madera, y otras tallas como las de San Antonio de Padua y la Virgen de Fátima.

Gracias a la llegada del agua de las galerías cercanas y las de medianías, los vecinos comenzaron a prosperar allá por los años sesenta, trabajando las fértiles tierras destacando cultivos como los duraznos de la costa o el cultivo del plátano de exportación.

Conserva una pequeña capilla en la playa con una imagen de la Virgen del Carmen. Playa de callado, denominada Playa de Santo Domingo.

Este barrio costero cuenta con parque infantil al lado de la iglesia del barrio, polideportivo, centro de salud periférico, geriátrico, biblioteca, centro de la tercera edad, asociación de vecinos, cripta, con un centro cultural muy activo, colegio de primaria, farmacia, estación de servicio además de una pequeña oferta de restauración

Santa Catalina

Es el barrio donde nace lo que es hoy el pueblo de La Guancha. Tiene su origen en los primeros años después de la conquista castellana de la isla de Tenerife por parte del Adelantado Alonso Fernández de Lugo. Aunque su fecha puede ser discutida esta se sitúa en las primeras décadas del siglo XVI, cuando se levanta la primera ermita en honor a Santa Catalina mártir de Alejandría.

Es el núcleo urbano más antiguo de La Guancha, cuya trama urbana más antigua aprovechó el Camino Real, que provenía de San Cristóbal de La Laguna y cruzaba estas tierras hacia Buenavista del Norte, para asentarse junto a él; además de hacerlo junto al otro camino denominado de La Cañada que unía el barrio con el de La Guancha. Junto a ellos se levantan algunas muestras de arquitectura popular del siglo XVIII y siglo XIX, de callejones y viviendas tradicionales con tejados a dos o cuatro aguas.

Todavía al caminar por la Calle Real, en el tramo de sus casas más antiguas, se percibe el recuerdo de su pasado mirando sus casas, algunas de estilo neoclásico y otras conservando su estilo tradicional canario.

El Camino Real reseñado, fue paso de viajeros de la isla, bien a pie o en cabalgadura, marchaban por él para trasladarse a los pueblos vecinos o de aquellos venidos de otras tierras.

Junto a este antiguo camino, en esta calle se encuentra la ermita construida en 1878, después de que el aluvión de 1826 destruyera la antigua que databa de 1510, que se situaba en el lugar conocido como «Puerta Quemada».

La nueva construcción es pequeña y sin apenas elementos decorativos en la fachada. Cuenta con un pequeño campanario a su derecha y la puerta principal de arco de medio punto que da acceso al interior de la misma. En su interior destaca el magnífico retablo de madera situado en el altar mayor donde se ubican tres nichos con las imágenes de Santa Catalina mártir de Alejandría, San Juan Bautista a la izquierda y San Bartolomé a la derecha. Como curiosidad, junto a la ermita, se encuentran dos árboles centenarios como son la palmera canaria y un cedro.

Estas tierras gozan de uno de los microclimas de los mejores de Europa, permitiendo a sus habitantes disfrutar de una gran calidad de vida. Pero este barrio se ha convertido, desde hace unos años para acá en un pequeño referente para el turismo atraídos por su singularidad y su pequeña oferta alojativa. Pero, sobre todo, el paisaje dominador sigue siendo el color verde de las explotaciones del plátano.

Cuenta con un centro cultural y centro de Usos Múltiples, con un bello jardín con parque infantil y un parque recreativo con mesas y bancos, fogones y agua corriente, en el que se encuentra un quiosco que da belleza al parque.