La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural fue adoptada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) el 16 de noviembre de 1972, cuyo objetivo es promover la identificación, protección y preservación del patrimonio cultural y natural de todo el mundo, el cual es considerado especialmente valioso para la humanidad.

Como complemento de ese tratado, la Unesco aprobó el 17 de octubre del 2003, la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, que definió que:

Se entiende por patrimonio cultural inmaterial los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes a las comunidades. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

Un pueblo con historia

Descubrir La Guancha es adentrarse en un pasado rico y sugestivo, plasmado en su valioso patrimonio histórico y urbanístico. Dos núcleos principales, Santa Catalina y La Guancha, nos invitan a recorrer sus calles y a conectar con su historia.

En el pasado, dos importantes caminos reales daban vida a estos lugares. Imaginen el trasiego de personas y mercancías: uno, proveniente de San Cristóbal de La Laguna, ascendía desde San Juan de la Rambla, hacia Icod de los Vinos e Isla Baja, cruzando Santa Catalina; el otro, procedente del Valle de La Orotava, subía por Icod el Alto y La Vera para llegar a La Guancha por el barrio de La Asomada, continuando luego hacia Icod de los Vinos e Isla Baja por El Carbón.

Santa Catalina, entre el camino real y el camino de La Cañada, nos recibe con la entrañable ermita, en honor a Santa Catalina mártir de Alejandría, reconstruida en 1878 tras ser arrasada por un terrible aluvión en noviembre de 1826. A su alrededor, se conservan joyas arquitectónicas: casas que algunas de ellas posiblemente datan de los siglos XVII, testigos de otra época, y hermosos ejemplos casas de estilo neoclásico canario del siglo XIX, como las casas de las familias Falcón, Pérez y la de doña Camila, que nos hablan de la vida cotidiana de sus antiguos habitantes. A pocos metros, la Fuente de Santa Catalina que dio vida a toda su gente antes y después de la conquista de la isla.

El corazón histórico de La Guancha latía, siguiendo el camino real, entre los barrios de La Asomada y El Calvario, aunque el paso del tiempo ha transformado su trazado original. Al recorrer sus calles principales, como La Asomada, Juan Luis Reyes, Nueva, El Sol, Pedro González Yanes, El Vínculo, La Alhóndiga y El Clave, descubrimos un conjunto de edificios civiles y religiosos de gran valor, algunos con raíces que se remontan al siglo XVII. La casa de la familia Pérez, la conocida «Casa de las Gomeras» (perteneciente a doña Rosa Domínguez) y la casa de doña Rosenda son ejemplos destacados. En La Asomada, la calle Los Graneros conserva construcciones antiguas que antaño servían como almacenes de grano que se adosaban a la vivienda principal. La Casa Parroquial y el antiguo Ayuntamiento también forman parte de este legado. Un paseo por la calle El Sol nos permite admirar el antiguo empedrado, un verdadero paseo en el tiempo.

Y como símbolo de la historia de La Guancha, se alza la iglesia, con sus transformaciones a lo largo de los siglos, cuyo origen se sitúa a principios del siglo XVI como una ermita en honor del Buen Jesús. Frente a ella, el Centro Cultural «Unión y Fraternidad», conocido cariñosamente como el «Casino de La Guancha», fundado en 1933, sigue siendo un importante punto de encuentro para la comunidad guanchera.