Si visita La Guancha quedará maravillado al descubrir el encanto único de nuestros paisajes. Nuestros miradores naturales, como el emblemático «mirador de El Topete» ofrece una panorámica de gran parte del norte de la isla que resulta inolvidable. Desde este punto, la mirada se dirige hacia el Teide, un coloso volcánico que, junto a Pico Viejo, domina el centro de la isla. El contraste entre el verde de uno de los pinares más importantes de Canarias y la inmensidad del volcán crea un paisaje de una belleza singular.
Aquel mirador se asienta sobre un símbolo geológico como es el Cerro Gordo, uno de los últimos testigos en las estribaciones oeste del macizo de Tigaiga antes de colapsar la isla hace 175.000 años. Pero lo que asombra al contemplar este lugar son sus formas dominantes, un relieve característico de otros momentos de la historia. Toda la ladera norte de este cerro, es una sucesión de bancales, unos sobre el siguiente, que permitió adaptar esta dura ortografía en un campo de huertas de cultivos que asciende hasta la misma cima.
La costa del municipio, en cambio, única en la isla por la configuración de su litoral compuesto por una sucesión de ensenadas, esconde un tesoro natural de enorme valor, tanto a nivel ecológico como paisajístico, exhibiendo una geomorfología singular, conformada por interesantes acantilados volcánicos esculpidos durante milenios con la acción del mar. Esta característica geomorfológica, formada hace aproximadamente 5.000 o 6.000 años, ha convertido a esta zona en un refugio ideal para diversas especies de aves marinas, algunas de ellas en peligro de extinción.
Reconociendo la importancia de este ecosistema costero, en 2014 se declaró el área como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), bajo la denominación «Espacio marino de los acantilados de Santo Domingo y Roque de Garachico». Un año más tarde, se integró en la Red de Áreas Marinas Protegidas.
Entre las especies que justifican esta protección especial destacan: el petrel de Bulwer, la pardela cenicienta, el paíño de Madeira o la pardela chica. Estas aves marinas en algún momento han encontrado en los acantilados un hábitat seguro para anidar.
El entorno del mirador que domina esta costa se caracteriza por una vegetación halófila, adaptada a las condiciones salinas propias de la zona litoral. Sin embargo, la influencia de factores como la intensa insolación, la brisa marina y la naturaleza volcánica del suelo han dado lugar a un ecosistema único, rico en especies autóctonas. Entre la flora más representativa destacan el tomillo marino, el tomillo salvaje, la leña buena, la orchilla, el pico de cernícalo, la mataprieta, el corazoncillo de costa y la mata brusca prieta.
Aparte del alto valor natural, este litoral ofrece algunos lugares de interés como es el Charco del Viento, una zona de baño natural, con aguas cristalinas y recomendable para el buceo y la pesca; pero también lo son los distintos miradores naturales que a través de los distintos caminos permiten apreciar la belleza de este entorno. Paisajes casi desconocidos para la mayoría de los visitantes que quedarán sorprendidos por las vistas que ofrecen.














