La interesante historia de la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús

La parroquia se encuentra en el centro del pueblo y cuenta con dos naves a las que se acceden por sendas puertas de maderas decoradas con cuarterones, y sobre ellas un rosetón ciego, enmarcadas en un arco de medio punto de cantería situadas en la fachada principal. Cuenta con dos campanarios, uno de ellos, de nueva fábrica ubicado al norte de ésta. Como casi todas las iglesias cristianas antiguas ésta sigue una orientación este oeste, «ad orientem», hacia el este geográfico.

Historia y Arquitectura

La Parroquia de El Dulce Nombre de Jesús data del siglo XVI. Cuenta la historia, como obra en el texto de la entrada a la iglesia, que en mayo de 1585 los vecinos se reunieron en la Parroquia de San Juan de la Rambla con la idea de finalizar los trabajos de construcción de la ermita en honor del Buen Jesús. No fue hasta el verano de 1596 cuando fue abierta al público. La ermita fue ampliándose progresivamente incluyendo la residencia del sacerdote. Pocos años después se funda la primera cofradía del Santo Nombre de Jesús. En esas primeras décadas además se rendía culto a San Amaro y a la Virgen de La Esperanza. Fue en junio de 1630 cuando se autorizó a la ermita exponer el Santísimo Sacramento, convirtiéndose desde entonces en Parroquia, siendo obispo don Cristóbal de Cámara y Murga. Once años más tarde, don Juan González Moreno rindió cuentas por el descargo de reales en madera y oficiales para hacer un campanario y arreglar la campana de la torre, así como otras pequeñas intervenciones como fueron el arco de la capilla y la escalera del coro. A finales del siglo XVII la iglesia disponía ya de los altares de Nuestra Señora de La Esperanza, de Nuestra Señora de la Encarnación y de San Amaro, además del impresionante altar mayor.

Con posterioridad, entrado el siglo XVIII, se acometen otras obras como en la década de 1720 se colocan las losas a la nueva nave, entre los años 1751 y 1752 se construyó el púlpito de la nave. Además, se construyó una nueva sacristía y se realizó la ampliación definitiva del mismo. Pasado unos años le sucedieron muchas otras obras y donaciones; así se terminó definitivamente el retablo mayor y otros de los retablos anexos, se trajeron nuevas imágenes y algunos elementos litúrgicos, como la custodia que fue donada por don José Luxano en 1778. Se desbarató también la antigua torre del templo para comenzar a construir la nueva en 1792.

No fue hasta el año 1978, con la llegada al pueblo del sacerdote don Sebastián García Martín cuando se acometió una restauración integral del templo debido al deteriorado estado de su conservación y el serio riesgo para los fieles y las obras de arte. Finalmente, el proceso de renovación más importante de la iglesia culmina entrado el siglo XXI, en el año 2001, con la sustitución de la anterior torre, la restauración y recuperación de la fachada y la construcción de la nueva torre que mira hacia la plaza. Con esta reforma la iglesia recuperará el antiguo campanil, las piedras de las esquinas, el enmarcado de las vidrieras y el arreglo de la cubierta. Obras que fueron financiadas por el Cabildo Insular de Tenerife.

Descubriendo la historia y el significado de los retablos

En su lateral izquierdo se encuentran tres, el del Rosario, con cuatro columnas salomónicas que delimitan el espacio de sus tres nichos, que albergan la referida Virgen del Rosario, San Pedro Apóstol y San José; y dos de tipo hornacina; el del Nazareno, con columnas entorchadas y el del Calvario, recortado, de fines de centuria con su nicho flanqueado por columnas estranguladas. El de la Capilla Mayor, de un barroco bastante discreto, datado en 1775 sin autor conocido, con estípites y un semicírculo como remate, se caracteriza por su decoración con motivos florales pintados, con tres hornacinas; en la central, de mayor tamaño, se encuentra la referida imagen de la Patrona en su baldaquino de madera policromada y dorada. A su derecha el Niño del Dulce Nombre de Jesús, titular de la Parroquia, y a su izquierda la de San Francisco de Asís.

En el lado derecho se encuentran los de El Corazón de Jesús, con cinco hornacinas, dedicadas, a la referida Imagen, San Antonio de Padua, Santa Teresa, La Milagrosa y al Niño Jesús en su Cuna; y El de Animas de fines del Setecientos: recortados, y con columnas salomónicas y cuerpo de ático, el primero de ellos».

La herencia mudéjar en La Guancha

Entre 1638 y 1643 se construyó un arco en la capilla y se levantó un campanario. De todo ello resultó una iglesia de dos naves separadas por arcos de medio punto sobre cuatro columnas con las dos centrales con capiteles con formas vegetales. Su techumbre mudéjar tiene como su decoración en las capillas de la Virgen del Rosario y de Nuestra Señora de La Esperanza con pinturas de dibujos florales de colores vivos en los paños y pechina». Mientras, doña Ana María Díaz Pérez, resalta y detalla que «Cuando levantamos nuestra mirada siempre hallamos en este templo bellas armaduras mudéjares.

Las techumbres que cubren las capillas dedicadas a la Virgen del Rosario y a Nuestra Señora de la Esperanza poseen unos rasgos similares, pero también algunos diferenciadores, que proporcionan a ambos una traza particular dentro del mismo modo constructivo. El primero de ellos se distingue por una armadura ochavada con almizate decorado con cruces, en los paños y en las pechinas aparecen pinturas a base de dibujos florales de colores predominando el azul y el rojo. El segundo de cuatro faldones y pinjante y harneruelo rectangular presenta la misma ornamentación que el anterior. El par de cubiertas sobre los restantes altares contrastan con los ya descritos por sus tablas oscuras, siendo de par y nudillo, y en los tirantes se sitúan ornatos estrellados, cuyos interiores están vacíos».

Un recorrido por sus esculturas e imágenes

Como refiere don Antonio Hernández Ravelo, a iglesia cuenta con una serie de esculturas e imágenes con valor histórico. Nuestra Señora de La Esperanza, Patrona del Municipio y la de Nuestra Señora del Rosario, de gran devoción, son dos bellas imágenes de candelero del siglo XVIII. La Patrona cuenta con una corona (que luce en circunstancias especiales), que es una notable pieza de filigrana de oro del siglo XIX venezolano.

El Niño del Dulce Nombre de Jesús y San Pedro están fechados en torno a 1800. El Nazareno, con la Cruz a cuestas, es de vestir y San Pedro es sedente con báculo de cruz, tiara y silla. De mediados del XVIII son las cuatro que conforman el Calvario, la Virgen de los Dolores, San Juan, La Magdalena, todas de candelero, y el Crucificado. El Puñal de la Dolorosa fue enviado desde Caracas en su segunda mitad. Su Cuadro de Ánimas es de autor anónimo del siglo XVIII, de gran formato y dividido en los clásicos tres planos».

La iglesia de La Guancha cuenta con un lienzo del siglo XVIII pintado al óleo y de autor anónimo. Se trata de un cuadro de ánimas que está dividido en tres planos según la disposición de sus personajes, y en el que entre otros mostraba al Arcángel San Miguel; pero que, siendo cura, entre 1921 a 1928, don Domingo Hernández, se llegó a cercenar el cuadro para abrir un hueco en la pared y colocar en aquella una imagen sin valor artístico de la Virgen del Carmen con el Niño. Aquel corte que sufrió la tela privó, durante muchos años, de los versos que anunciaban una restauración de esta. No obstante, gracias a las aportaciones de algunas personas, preocupadas por conservar todo aquello que forma parte de nuestro patrimonio cultural, conservaron aquellas palabras que los componían y que a continuación se expresan:

“Por impulso soberano y limosna de los fieles el cuadro que veis pintado retocaron los pinceles y con tanta prontitud porque fue a solicitud del Señor José Lujano”

 

La riqueza Iconográfica

Doña Ana María Díaz Pérez, Doctora en Geografía e Historia por la Universidad de La Laguna, recoge en su bibliografía un estudio sobre las relaciones entre Venezuela y La Guancha a través del arte. En aquel trabajo hace también hincapié en un capítulo sobre la iconografía representada en la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús y en donde destacamos las siguientes:

La Virgen del Rosario

De rostro bello y sereno Ntra. Sra. del Rosario al igual que la de la Esperanza, a la que nos referiremos próximamente, es una imagen de candelero. Talla que porta un rosario en la mano derecha, símbolo de su advocación, y que sujeta el Niño que tiene en la izquierda. Se tienen noticias de su restauración poco antes de finalizar el siglo XIX, en 1898.

La Virgen de La Esperanza

Imagen que en 1843 presentaba deficiencias tanto en su rostro como en sus manos, por faltarle algunos dedos, incluso el Niño también mostraba deterioros, lo que motivó que el párroco Victorino Perdigón y Abreu, natural de La Orotava, que había tomado posesión de su cargo el 6 de junio del mismo año, y al parecer, hombre preocupado por dejar constancia por todo cuanto se adquiría y se hacía en el recinto eclesiástico, la envió a dicha villa para su restauración llevada a cabo por Fernando Estévez, discípulo de José Luján Pérez. La población de La Guancha realizó una suscripción con la que se le dio mayor tamaño a la efigie, al mismo tiempo que se le incrustaron ojos de cristal.

Esta composición añade un nuevo eslabón para completar el estudio de la obra escultórica de Estévez si tenemos en cuenta que establece su propio taller en La Orotava, de donde era natural, en 1808, en el que acogía los encargos que le encomendaban desde los distintos puntos del norte tinerfeño, porque a consecuencia de la erupción del volcán en los primeros años del siglo XVIII, año de 1706, Garachico quedó destruido económicamente perdiéndose de esta manera la rivalidad que ofrecían sus talleres.

El Niño del Dulce Nombre de Jesús

Otra escultura, en madera, que merece especial atención es la del Dulce Nombre de Jesús que nos revela a una criatura de semblante ingenuo y expresión alegre. La primitiva imagen estaba en 1855 muy deteriorada pues carecía de manos y pies, además de ser demasiado pequeña. Gracias a la iniciativa del cura Perdigón se pudo contar con una nueva talla, ya que al enterarse de que en el que fue convento de Santo Domingo en La Orotava se guardaba una figura en buen estado, recurrió al Gobernador Ecónomo quien se la concedió, aunque se presentó un obstáculo: el referido Niño era propiedad de la familia Román de la Villa; sin embargo, lo que se creía un impedimento tuvo fácil solución porque estos señores se lo eximieron junto con dos túnicas, una de raso blanco y otra verde. Estos objetos le fueron entregados por don. Domingo Chávez, Arcipreste de la Villa y Beneficiado del Realejo de Arriba, y trasladados por don Victorino, llegando el 12 de julio a La Asomada, en donde se había dispuesto un altar y se habían engalanado las calles para ser acogido en medio de una gran multitud de gente. Fue colocado en la iglesia en el sitio que ocupaba el anterior. Al año siguiente, en 1856, la parroquia de La Guancha pagó por derechos de adquisición 68 reales de vellón al Arciprestazgo de La Orotava, lugar que ha jugado un papel trascendental en lo que atañe a la imaginería, y si esta localidad fue la poseedora del Dulce Nombre de Jesús, también allí, en 1912, se restaura por don Nicolás Perdigón Oramas, cuando estaba al frente del templo guanchero don Trino Hernández Rodríguez, conforme a la reseña que se lee en su pedestal.

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