Historia
Camino de La Cañada
Puede decirse que esta esquina de la Calle Real y Camino de La Cañada Baja es hito histórico en el pueblo de La Guancha pues confluyen dos viarios muy importante por cuanto el Camino de La Cañada fue el primer camino que comunicaba Santa Catalina con el casco de La Guancha desde la época de la colonización castellana de la isla a principios del siglo XVI, hasta la construcción de la vía que comunicaba el pueblo vecino de San Juan de la Rambla hasta el barrio de San José y posteriormente hasta La Guancha.
El Camino de La Cañada era un camino de cumbre usado por los antiguos habitantes de la isla en la época de trashumancia que realizaban entre la costa y la cumbre donde llevaban el ganado en busca de pasto. Y que posteriormente a la conquista, los colonizadores, una vez hubieron ocupado este territorio, se aprovecharan del camino construido por los «guanches» para acceder desde esta parte de baja del pueblo, denominada antiguamente como «Santa Catalina del Malpaís» hacia la zona de la medianía del pueblo que se le llegó a denominar «La Fuente de La Guancha».
Es muy probable que, por esta vía de comunicación, ya convertido en camino de herradura, se realizaran intercambios comerciales entre estas poblaciones con la vecina San Juan de la Rambla, o bien con los pueblos limítrofes de Los Realejos y La Orotava. Así como aprovechar este camino de cumbre para bajar la brea obtenida en los pinos guancheros hacia los puertos del Marrero o de Las Aguas, en San Juan de la Rambla. No obstante, hay autores que mencionan a este camino como parte de aquel Camino Real de Las Medianías que unía el Valle de La Orotava con La Guancha por Icod El Alto y La Vera de San Juan de la Rambla.
Este camino de La Cañada fue sido el único camino que comunicaba Santa Catalina, hasta mediados del siglo XX, con La Guancha hasta cuando se construyen las carreteras que dan acceso a La Guancha desde San Juan de la Rambla.
Calle Real o Camino Real
Mientras, el Camino Real, aquí denominada como Calle Real en su recuerdo, era la principal vía de comunicación que unía los pueblos del norte, desde Buenavista del Norte, con la capital de la isla situada en San Cristóbal de La Laguna. Ya a finales del siglo XVI, prácticamente toda la isla estaba rodeada por un anillo de caminos. Estos caminos reales poseían unas dimensiones determinadas cuyo ancho era el de una soga toledana, es decir entre unos siete u ocho metros de ancho, así como de una pendiente determinada que facilitara el paso de transportes o reatas de animales de carga. Pero la realidad era bien diferente dada la complejidad orográfica que tenía la isla. Estos caminos eran propiedad de la Corona y el Cabildo de Tenerife era la autoridad encargada de su mantenimiento.
En Santa Catalina, como hecho destacable ha sido que el trazado original de aquel camino real se ha mantenido hasta nuestros días, sin apenas alteraciones. Las casas se construyeron junto al camino sin alterarlo un ápice.
