El encanto de estar entre bosques y caminos del camino de Monte Frío

El recorrido por el Camino de Monte Frío es una verdadera delicia. Todo el trayecto transcurre a través de un exuberante bosque de pino canario, que forma un frondoso pinar. Este bosque se desarrolla aprovechando una colada de lava que se extiende debajo de él. En La Guancha, el pinar alcanza altitudes muy bajas, llegando hasta los 400 metros sobre el nivel del mar, aprovechando los suelos volcánicos poco desarrollados, especialmente en las proximidades del barranco de La Gotera. Recorrer este sendero, ya sea en solitario o en compañía, permite sumergirse en un mar de sensaciones mientras se escucha el canto de los pájaros canarios, los mirlos o los herrerillos comunes.

Historia, Etnografía y Flora

Esta senda es uno de los caminos antiguos que partían del pueblo de La Guancha hacia los barrios más elevados del vecino municipio de Icod de los Vinos. Eran las auténticas arterias por donde la población se desplazaba para comerciar con sus productos en los pueblos vecinos. Estos caminos eran frecuentados en días festivos para disfrutar de las celebraciones locales.

La historia de La Guancha no se entendería sin la presencia del pinar, del monte. Espacio natural que forma parte de una de las masas forestales más importantes y bellas de las Islas Canarias. Tal es así, que en el escudo heráldico del municipio adquiere una presencia importante, colocándose en el centro del mismo.

Se cree que en época de los aborígenes guanches el monte llegaba hasta las orillas del mar y que su aprovechamiento era algo testimonial: ajuar, leña, palos, bastones y colgantes, gánigos, tablones funerarios; pero fue con la llegada de los castellanos cuando el monte se convierte en un recurso a explotar. Las necesidades de madera para los astilleros y la colonización de nuevas tierras de cultivo hacen que se produzca una importante merma en su superficie, llegándose a promulgar ordenanzas que limitaron su explotación.

Desde ese periodo de tiempo hasta hace no pocas décadas, las condiciones de vida del habitante guanchero hacen que del monte aproveche todo: la leña para cocinar y calentar el hogar, madera para la fabricación de aperos de labranza (arados, guatacas, cabos, etc.) o palos de madera para su empleo en el cultivo de la viña (horquetas de brezo, latas de acebiño, etc.). O en la elaboración de utensilios domésticos y enseres del hogar. En la elaboración de carbón. Y en la construcción de las viviendas tradicionales (suelos, techos, ventanas, puertas, etc.). Apreciada era la madera de tea, por su durabilidad y resistencia, que proviene del corazón del pino más longevo como madera noble que se empleaba en la carpintería de iglesias o casonas (columnas o vigas, suelos artesonados, balcones, peldaños, cajas, etc.).

Ya en la actualidad, el aprovechamiento del monte, más limitado por la legislación, se asocia a la agricultura y la ganadería, sobre todo, a la obtención de la pinocha (o pincho como se denomina por esta zona). La pinocha, que sirve de cama para el ganado y como consecuencia se obtiene un estiércol que se usa como apreciado abono; o bien, para su uso en el cultivo intensivo del plátano en la zona de la costa.

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