Descubriendo los secretos de la evolución arquitectónica y artística de la Ermita

Hace escasas fechas se presentó ante los fieles de la ermita, la talla recién restaurada de la Santa Patrona, Santa Catalina mártir de Alejandría. Este trabajo de restauración fue realizado por la Restauradora y Conservadora; además de licenciada en Historia del Arte, Irene Fragoso Brito, entre los meses de marzo y junio de 2023.

Historia y Arquitectura

Junto con la remodelación exterior de la ermita, se llevó a cabo también una renovación interior. Varias fueron las obras realizadas, afectando principalmente al pavimento original de piedra de cantería. En primer lugar, se eliminó parte de dicho pavimento que cubría la totalidad del suelo de la nave principal y de la sacristía, siendo reemplazado por uno de mosaico considerado «más moderno». Mientras tanto, la otra parte del pavimento aún permanece «oculta» bajo el actual suelo. Como testimonio de ello, en la sacristía aún se conserva parte de ese pavimento original de cantería. Finalmente, en los años noventa, se llevó a cabo otra obra que sustituyó el desafortunado pavimento de mosaico por el actual de cerámica, aprovechando la mejora de la sacristía.

La estructura de la ermita se organiza en una nave única dividida en dos tramos. El primer tramo alberga el altar, con un testero o cabecera planos, y da acceso a la sacristía. El tramo central conduce al interior de la ermita, mientras que sobre este último se encuentra el coro, realizado completamente en madera y accesible mediante una escalera lateral del mismo material.

Nada más entrar, destaca el altar mayor, donde se encuentra un retablo único, originalmente construido en los años ochenta por dos carpinteros locales, Felipe Abreu, conocido como «Pipo», Antonio Hernández, «Toño», y el tallista local Pedro García-Fresca, también conocido por «Pello», utilizando madera de caoba. La obra fue financiada por donativos de los feligreses y vecinos del barrio para reemplazar un antiguo retablo de madera policromada en mal estado.

Este retablo, de un solo piso o cuerpo, se divide en varias partes. En la parte inferior, conocida como sotobanco, el retablo descansa en el suelo, seguido por el banco donde se encuentra el Sagrario bajo la imagen de la Santa y se guarda el Santísimo. Sobre el banco, las calles, divisiones verticales del retablo, se distribuyen en tres, siendo la central más ancha. Cada calle se subdivide en entrecalles separadas por columnas que simulan un orden corintio, albergando nichos u hornacinas para esculturas de iconografía religiosa, siendo la más alta la correspondiente a la talla de la Santa. La caja en la parte más alta del retablo culmina con la figura del Cristo Crucificado.

Las esculturas en las hornacinas representan, de izquierda a derecha, a San Bartolomé, de autor desconocido, portando una cadena y un libro; San Juan Bautista o «San Juanito», también de autor desconocido, representado con un libro y un cordero; y en el nicho central presidiendo el altar mayor, la imponente figura de la patrona del pueblo, Santa Catalina mártir de Alejandría, cuya fecha de creación se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX, según recientes estudios de restauración. La representación incluye la rueda dentada y la espada, símbolos de su martirio, y un libro pegado al pecho, símbolo de su inteligencia y saber filosófico.

Aún se conserva en la ermita una pequeña pila de agua bendita realizada en mármol blanco en forma de venera o concha, mientras que un púlpito de madera ubicado en el lado del evangelio fue retirado en los años ochenta del pasado siglo debido a su grave deterioro.

Según se desprende de los minuciosos trabajos realizados y a los análisis a los que fue sometida la talla, que se describen en la Memoria final de Conservación y Restauración, la Santa fue realizada en la segunda mitad del siglo XIX, entorno a los años de 1860 a 1870, pero no figura la firma de ningún escultor. Según esa fecha, coincidiría con aquellos momentos en los que se estaba construyendo la nueva ermita después de cuarenta y cinco años sin un lugar de culto, debido a la desaparición del templo originario con la avenida del aluvión de 1826, en un mes de noviembre.

En el mencionado documento, se aportan otros aspectos interesantes sobre el estilo empleado en la talla:

«(…) a pesar de que en muchos aspectos la imagen responde a ese sentir religioso del Barroco, se puede empezar a distinguir en la escultura determinados rasgos que la acercan al clasicismo ilustrado de principios del siglo XIX…»

A modo de anécdota, se recoge en el documento algunas de las pruebas analíticas a las que fue sometida la talla. Entre ellas estarían las siguientes:

  • Un análisis organoléptico
  • Un análisis estratigráfico por microscopía óptica
  • O a un examen con luz ultravioleta.
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