El oficio ancestral de los pinocheros y pinocheras en La Guancha.

En 1998, se celebrará la Primera Bajada de Las Hayas desde la Casa de la Pradera, con grupos folklóricos locales, vino, comida típica canaria y parrandas. Se invita a asistir con traje típico para fomentar esta nueva tradición.

Historia

Un sábado 8 de agosto de 1998, se anunciaba la primera edición de la «Bajada de las Hayas». Este popular evento se ha convertido en los últimos años en el número principal de las fiestas mayores de La Guancha, celebrándose cada mes agosto en honor a su Patrona Ntra. Sra. de La Esperanza, teniendo lugar en el segundo sábado de dicho mes.

Tiene su origen en algo parecido a una romería que los vecinos propietarios de animales de carga hacían a los montes del Municipio. Se salía a buscar ramas de «haya» con las que se adornaban la plaza y las calles del recorrido procesional. Esta singular comitiva regresaba al pueblo entre el regocijo de los vecinos, que le convidaban al paso por sus casas hasta llegar a la Plaza de la Iglesia para proceder a colocar el tradicional y vistoso «Enrame».

El recorrido de La Bajada de las Hayas, se inicia a través de un tramo en la zona de monte, por un camino, que se conoce, como Hoya de Giles y que confluye en La Cruz del Brezo. A partir de este punto, los participantes recorrerán las calles del barrio más alto de la localidad, El Farrobo, para poco a poco adentrarse en las calles del casco del municipio, hasta llegar a la plaza de la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús.

Al final de la jornada, se vivirá como cada año, uno de los momentos más emotivos, con el traslado de la Virgen de La Esperanza desde el camarín hasta la puerta principal de la parroquia del Dulce Nombre de Jesús, a través de la calle Pedro González Yánez.

A las puertas del templo, la patrona de todos los guancheros, como es tradicional, recibirá la ofrenda de coplas de nuestra tierra, por parte de todos los grupos participantes y de alimentos que luego se repartirán entre las familias más necesitadas.

La noche acabará con una gran verbena al son de los acordes de populares orquestas.

Etnografía

Si hay un oficio que vincule a la población de La Guancha con el monte ese es el oficio de pinochero o el de pinochera. Hablar de este oficio es hacerlo de un trabajo duro que se ejercía tanto por el hombre como por la mujer, y no en menos de una ocasión se empleaban a los hijos, vinculadas a determinadas familias como las de doña Flora, en El Farrobo o las de don Celestino o de don Lázaro en la zona de La Montañeta.

En una coyuntura socioeconómica cambiante a lo largo de la historia, el aprovechamiento que se venía ejerciendo en el monte iba desde la obtención de la brea, la madera, la leña desde tiempo inmemorial, a la obtención de la resina en las primeras décadas del siglo pasado, surge en esa convulsa coyuntura económica del siglo XX una fuerte demanda de este material, principalmente asociado a la expansión del cultivo del plátano para su exportación en las zonas costera de la isla. Por sus características, el pinocho fue bastante apreciado en la agricultura que demandaba cantidades ingentes de este recurso forestal.

El pinocho no era un aprovechamiento forestal desconocido en La Guancha, pues este se empleaba desde siempre como «cama» para el ganado con el propósito de obtener estiércol que se destinaba a la siembra de papas, por ejemplo.

La fuerte demanda agrícola del pinocho hizo que muchas familias de La Guancha vieran en él una salida a la delicada economía familiar. Pero el trabajo de pinochero no fue nada sencillo dadas las condiciones en las que se ejercía y en los recursos que se contaba para su explotación, tanto para su recogida como para su transporte. Había que subir al monte temprano con la «fresca» por los caminos de siempre y portando apenas rudimentarios rastrillos para su recogida como sogas para amarrar los «haces», se pasaban los días recogiendo el pinocho del suelo, entre cantos y cuentos, y acumulándolo en un rincón para su carga posterior.

Siempre había anécdotas relativas a los rincones preferidos donde hacer la recogida, según nos cuentan Eulogio o Jesús, de El Farrobo, a veces se contaban historias de miedo asociadas al sitio donde estaban recogiendo pinocho con el objeto de atemorizar y persuadir al otro de que no fuera a ese sitio a recogerlo. O como nos decían, con sonrisas socarrona, que también se iba a recoger pinocho a Icod sin tener el permiso y con miedo a que los viera el guarda; pero que también lo hacían los que venían de Los Realejos o de Icod El Alto al monte de La Guancha.

Si esforzado era la recogida, más aún lo era su transporte, pues en muchas ocasiones se bajaban esos «haces» de picho sobre la cabeza o sobre los hombros. Eran «haces» que podían pesar entre los 50 kilos a los 100 kilos.

Como el camino por el que debían descender era muy largo se encontraban los «descansaderos», que no eran otra cosa que un lugar donde se podía poner la carga para hacer algún descanso antes de proseguir el camino. Conocidos son los descansaderos que se asocian al camino que hoy en día se realiza en la celebración de la Bajada de las Hayas, y que se denominaban «Cho Melchor», «El Lance» o el de «La Hoyitas».

Pero lo más frecuente era utilizar animales de carga o «bestias», como le decían, que normalmente eran burros o mulos, que sobre sus lomos se transportaba el pinocho desde el monte hasta la vivienda del pinochero y de esta hasta las fincas en la costa previo convenio verbal donde se pactaba el precio y la carga de pinocho. Con el paso de los años, el uso de los animales se sustituye por el vehículo a motor que permitía mayores cargas de pinocho y recortaba los tiempos del transporte.

Esta profesión de pinochero, ya extinta, pudo durar hasta la década de los ochenta del pasado siglo.

En homenaje a las pinocheras del pueblo se ubica un conjunto escultórico del artista local don Jesús Pérez Martín donde se rinde homenaje y reconocimiento a la labor realizada por estas personas.

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