Un viaje al pasado a través del empedrado y la arquitectura

La calle El Sol, es un callejón estrecho que conserva el empedrado antiguo y el trazado originario que se mantiene casi inalterado hasta la actualidad. Si algo caracteriza a esta calle es la presencia del adoquinado de piedra original que le da una mayor significación histórica al entorno de la calle y la Iglesia. Este empedrado recuerda al que estuvo presente en todas las calles del conjunto histórico del pueblo, pero que fue sustituido en algunas de ellas en la década de los años 70 por el actual pavimento de asfalto como «símbolo de modernidad». Aún se recuerda cuando se iba arrancando las hierbas de entre las piedras con el objeto de dejarlas limpias para proceder con posterioridad a la aplicación del alquitrán..., pero eran otros tiempos.

Historia y Arquitectura

Alberga dos ejemplos de vivienda urbana tradicional canaria mejor conservadas del pueblo La casa de la familia de doña Rosenda, ubicada al inicio de la calle al igual que la residencia de la familia de Los Pérez. Esta segunda casa, trata de una vivienda sencilla de estilo neoclásico que se distingue por su sobriedad y falta de ornamentación. Con una planta rectangular y dos pisos de altura, es de dimensiones más modestas que la primera y carece de un patio interior.

Siguiendo el mismo estilo neoclásico, conserva la simetría en los vanos de las dos plantas de su fachada. En la parte superior resaltan las ventanas rectangulares de dos hojas, con la parte superior acristalada y la inferior de madera con cuarterones, con marcos también de madera. La techumbre, a cuatro aguas y cubierta de teja francesa, es otro de sus rasgos distintivos.

Otro elemento distintivo de la calle es la pared del cerramiento de una finca que pudiera identificarse con la «capellanía» que se cita en las desavenencias del cura don Benito García Rodríguez en el 1815, recogido en el libro Historia de la Fuente de La Guancha, cuando este ocupa la calle Nueva con sus parrales y paredes ampliando dicha finca. Cerramiento hecho con paredes de gruesos muros de mampostería cubiertas por un enjalbegado.

Como recoge don José Heriberto Díaz Cáceres en su artículo Las Portadas: Herencias olvidada la Revista Rincones del Atlántico: «Las portadas son un elemento olvidado, olvidado por el paso del tiempo, olvidado por su razón de ser inicial, por la desubicación en la que se encuentran en la actualidad, por su falta de protagonismo en la arquitectura actual, o quizás porque no sabemos apreciar suficientemente un elemento rico y característico de nuestra arquitectura». Parece olvidada, desubicada y hasta se diría molesta esa portada que da acceso a la finca. Destaca su sencilla construcción con una puerta de madera de tea y cubierta por un desvencijado dintel de madera que parece haber perdido su almena y cruz de madera. Este tipo de construcciones eran realizadas por aquellos que tuvieran un mayor poder adquisitivo ya que su finalidad era además de poder acentuarse socialmente y ser apreciada.

Pero, con independencia de su estado de conservación, sigue siendo un testigo fiel de una historia pasada que le debió mayor grandeza. No existen en el pueblo muchos ejemplos como este.

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