Paisaje
Desde este punto se observan los distintos asentamientos que conforman el poblamiento de La Guancha: Santo Domingo en primer plano, a la derecha; Santa Catalina, a la izquierda; y La Guancha en segundo plano bajo el pico Teide. Además, de los barrios altos de San Juan de la Rambla.
Al girar la mirada hacia el este, se identifica con nitidez el Valle de La Orotava, con el Puerto de la Cruz en la costa y los volcanes de El Fraile y La Horca, donde se asienta el Hotel Las Águilas justo encima de este último. Y al fondo de la escena, se observa toda la costa de Acentejo.
Hacia el oeste, se tiene una visión menos definida de la costa de Icod de los Vinos resguardado del litoral acantilado. Sin embargo, el mirador tiene la gran fortuna de gozar de una ubicación privilegiada donde se puede observar unos atardeceres espectaculares, sobre todo en la época estival.
Volviendo la mirada hacia el norte, se observa el litoral acantilado y agreste, que se diferencia de cualquier otro litoral de la isla por la presencia de numerosas ensenadas que, por la acción del mar, han generado esas caprichosas formas.
En definitiva, por su ubicación, la tranquilidad del lugar, los paisajes, la presencia tan próxima del mar, el mirador ofrece la posibilidad de disfrutar de unos momentos de meditación.
Fauna y Flora
La configuración actual de la costa de La Guancha, como la de Icod de los Vinos o San Juan de la Rambla, con grandes paredones de roca acantilada formados hace 5.000 o 6.000 años, la convierte en un lugar propicio para la presencia de algunas especies amenazadas de la avifauna canaria.
Es por ello que, en el año 2014, fue declarada Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA) con la denominación de Espacio marino de los acantilados de Santo Domingo y Roque de Garachico, integrándose en la Red de Áreas Marinas Protegidas un año después.
Algunas de las especies por las que se declara ZEPA son:
- El petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii)
- La pardela cenicienta (Calonectris diomedea)
- El paíño de Madeira (Oceanodroma castro)
- La pardela chica (Puffinus assimilis)
El entorno del mirador se asienta sobre un ecosistema dominado por la vegetación halófila, pero con características propias ya que está influenciado por una alta insolación, por la maresía o por el tipo de suelo volcánico donde se desarrolla. Al tratarse de un rincón poco explotado por el hombre, alberga una notable representación de especies de vegetación autóctona, entre las que destacan:
- El tomillo marino (Frankenia ericifolia)
- El tomillo salvaje (Micromeria varians)
- La leña buena o leña santa (Cneorum pulverulentum)
- La orchilla (Roccella canariensis)
- El pico de cernícalo (Lotus maculatus)
- La mataprieta (Justicia hyssopifolia)
- El corazoncillo de costa (Lotus tenellus)
- La mata brusca prieta (Salsola divaricata)
En definitiva, la costa de La Guancha, con sus imponentes acantilados y su rica biodiversidad, constituye un espacio natural de gran valor que debe ser protegido y conservado.
Geológico
La ubicación del mirador es excepcional, no solo por las impresionantes vistas que ofrece, sino también porque desde allí se puede explicar uno de los fenómenos geológicos más espectaculares que ocurrieron en la historia geológica de Tenerife: el relleno de una gran depresión originada por el colapso del centro de la isla, lo que provocó un megadeslizamiento hacia el norte, en la dirección en la que nos encontramos, dando lugar a la formación de un extenso valle o «Paleovalle de Icod de los Vinos» (Coello, et al., 2014). Tras estos tremendos eventos geológicos, que comenzaron hace unos 175 mil años, se sucedió toda una época de erupciones volcánicas posteriores, incluyendo al menos dos erupciones datadas hace unos 125,000 años, como las coladas de la costa de Santo Domingo, y las coladas sobre las que nos encontramos, que se datan entorno a los 6,000 años.
Como consecuencia de aquellas erupciones, identificamos hoy en día, muchos elementos geomorfológicos derivados que aún perduran a pesar del tiempo. Estamos ubicados en los muros de la gran colada volcánica. Si fijamos la mirada hacia el Teide, podemos identificar los muros laterales o contrafuertes (Socorro, 2015) de esa gran colada que, desde la base del Teide, desde el volcán denominado Abejera Alta, expulsó una gran cantidad de material que formó un «río de lava» que alcanza la costa. Con el paso del tiempo y la acción del mar, este «brazo» o muro de lava obligó a la colada a desviarse hacia el oeste, donde se solidificó.
Como es sabido, durante el flujo viscoso de una colada por terrenos con cierta pendiente, los materiales de los extremos se comportan de distinta forma. Los materiales de los extremos se enfrían antes, actuando como barreras que limitan el avance de la colada más fluida del centro formando un canal. Aquí se pueden observar las paredes resultantes de este fenómeno. Según algunos autores, estamos ante el canal de lava más ancho de Tenerife y de los más anchos del mundo con sus 240 metros de ancho (Socorro, 2015).
Desde este punto, al subir por el camino paralelo a la colada que asciende hasta Santa Catalina, se pueden encontrar una serie de paneles informativos que detallan con mayor precisión el origen de este evento geológico, así como algunos de los fenómenos curiosos asociados a él.
