Doña Ángeles Machado un símbolo de compromiso y dedicación educativa en el pueblo de La Guancha

El busto y el nombre de la plazoleta homenajean a Doña Ángeles Machado, maestra recordada en La Guancha por su labor educativa en una sociedad con recursos limitados, donde la enseñanza era un privilegio y muchos niños abandonaban la escuela para trabajar.

Historia y Escultura

La llegada de esta joven lagunera, de «distinguida y honorable familia», que surcó caminos tortuosos y plagados de penurias «a lomos de mula» junto a su inseparable piano, supuso un hito para la sociedad guanchera de principios de los años veinte del pasado siglo. Su dedicación a sus alumnas, utilizando métodos pedagógicos innovadores y vanguardistas para la época, durante los doce años de su ejercicio docente, se convirtió en un modelo al que la educación debía aspirar. No obstante, su compromiso con La Guancha trascendió las responsabilidades propias de una maestra. «Doña Ángeles Machado, no solamente enseñó a las niñas -que como maestra era su obligación estatal-, sino que enseñó a todos, a las niñas y a los niños, a las mujeres y a los hombres. Su labor no se circunscribió al local del aula. Sus límites fueron los del municipio» (palabras pronunciadas por el maestro don Cristóbal Barrios Rodríguez en su discurso de homenaje a doña Ángeles Machado el día 3 de enero de 1971). Ese compromiso con la sociedad guenchera se plasmó en la construcción de, al menos, tres escuelas más para el municipio. En su discurso de inauguración de la escuela mixta de Santa Catalina, en 1928, dejó una frase que siempre se la recordará: «Una escuela que se abre es una escuela que se cierra». La semilla que sembró en la población fue reconocida con su nombramiento como hija adoptiva del pueblo en 1931.

En un momento de su vida, doña Ángeles Machado expresó el siguiente deseo: «Si Dios me deja llegar a vieja y verme retirada, quiero morir en La Guancha». En la persona de Ángeles Machado no se cumplió aquel deseo, pero su legado perdura en el corazón de este pueblo donde su memoria sigue viva.

Este busto, realizado en bronce por el escultor portuense don Emilio Luis Pérez Delgado en 1971, se alza sobre un pedestal elaborado con materiales traídos de Las Cañadas del Teide. La obra fue sufragada por donativos llegados desde todos los rincones de la isla y fuera de ella.

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